La reciente promulgación del nuevo Código Penal dominicano por parte del presidente Luis Abinader constituye un hito histórico y oportuno, largamente esperado por la sociedad jurídica y la ciudadanía en general.
Este nuevo marco legislativo, contenido en la Ley 74-25, reemplaza finalmente el desfasado código de 1884, adecuándose a las complejas realidades actuales con la incorporación de nuevos tipos penales como feminicidio, sicariato, terrorismo, ciberdelitos y corrupción administrativa.
Dichas actualizaciones no solo robustecen nuestro sistema judicial, sino que también reflejan un esfuerzo significativo por modernizar el marco normativo acorde con los estándares internacionales y los desafíos contemporáneos.
La ampliación de penas, que ahora pueden alcanzar hasta 40 años en delitos graves, y la extensión del plazo de prescripción para delitos sexuales contra menores, reflejan un compromiso serio con la justicia y la seguridad pública.
Asimismo, la inclusión de responsabilidad penal para personas jurídicas fortalece la lucha contra delitos económicos y la corrupción, aspectos esenciales para mejorar nuestro clima institucional y democrático.
Algunos artículos específicos podrían colisionar con principios constitucionales fundamentales, comprometiendo derechos individuales y garantías procesales establecidas en nuestra Carta Magna.
Estos elementos requieren un análisis detenido, y posiblemente sean objeto de impugnación en el Tribunal Constitucional para asegurar que su aplicación no vulnere los derechos constitucionalmente protegidos.
Tal restricción no solo afecta a los profesionales de la justicia, sino también vulnera principios básicos de nuestro sistema constitucional y democrático, como la libertad de ejercicio profesional y el derecho a la defensa efectiva.
Es imprescindible asegurar que todos los actores del ámbito jurídico nacional conozcan profundamente el contenido y las implicaciones prácticas del nuevo Código Penal, garantizando así una adecuada transición y aplicación efectiva del mismo.
Es fundamental evitar cualquier arbitrariedad o abuso que pudiera surgir en su aplicación, garantizando así que este nuevo marco legal sirva realmente para avanzar en la justicia, equidad y fortalecimiento institucional que nuestro país merece.






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