La gigantomastia en República Dominicana es motivo de deserción escolar y depresión, incluso en la adultez. La cirugía de reducción de mamas, es considerada por las aseguradoras de salud como estética y no ofrecen cobertura, mientras la enfermedad carcome la autoestima de miles de mujeres que quisieran costearla para cambiar su tormento, pero no poseen dinero, tampoco la mirada de las autoridades.
Para ellas, salir a la calle es un verdadero calvario; quienes padecen de gigantomastia, son atacadas sin piedad por hombres, mujeres y niños de su entorno social y familiar; las miradas incómodas y los gritos de palabras ofensivas y expresiones obscenas que reciben hacen que sus días se conviertan en un martirio.
La gigantomastia, es una rara condición médica caracterizada por un crecimiento excesivo y desproporcionado del tejido mamario; se trata de un agrandamiento anormal que puede afectar significativamente la calidad de vida de las mujeres debido a síntomas físicos y emocionales asociados. Aunque la causa exacta no siempre es conocida, está relacionada con factores hormonales, genéticos, obesidad y, en algunos casos, enfermedades autoinmunes.
En el país, no hay estadísticas, definidas, pero se sabe que hay miles de mujeres que por años se han enfrentado a la enfermedad sin el respaldo del sistema de salud. Atrapadas y sin salida, aquellas que son de escasos recursos -la mayoría- deben convivir con su padecimiento sin poder realizarse una cirugía que le reduzca el tamaño de sus senos.
Un reciente estudio realizado por el cirujano plástico Orlando Vargas, arroja algunos datos de quienes se enfrentan a esta penosa realidad: en su mayoría son mujeres solteras que usan copa de brasier triple y doble d, y que por su condición sufren dolor de espalda crónico, baja autoestima, depresión, problemas cervicales, que se traduce en gastos en consultas y medicamentos, así como en motivo de ausentismo laboral.
Las Administradoras de Riesgos de Salud (Ars) no asumen la cirugía de reducción por llamar-de manera errada- “estética”, a un procedimiento quirúrgico que acabará con síntomas emocionales, mentales y evitará otras afecciones de salud a estas mujeres.
Panorama reunió testimonios desgarradores que enrostran su realidad. Quienes padecen gigantomastia, abrazan la idea de un día ser “normal”.
Ellas cuentan su sufrimiento…
Ramona Valdez, 46 años
Toda mi vida he padecido esta enfermedad. Desde que tenía ocho años me empezaron a crecer los senos y ya a los 12, 13 años no podía estar sin brasier. Nunca, nunca me he visto con los senos pequeños. Me empezaron a crecer y crecer y crecer y el tamaño de la copa ha ido aumentando con el tiempo. Estoy en 48 triple D, ahora.
Recuerdo que durante mi adolescencia era motivo de burla, relata con los ojos llorosos frente a la cámara.

Fue muy difícil soportar la burla en la escuela, en la calle, continúa; tenía muchos problemas con las personas, porque los hombres se ponían de fresco por el tema de los pechos.
¿Qué tipo de burla usted recibía?, se le pregunta.
Me decían vaca. Muchas, muchas cosas feas, que todavía aún con la edad que tengo, me lastiman. Crecí con autoestima baja, se me dificultaba abrirme a una relación, tenía vergüenza de desnudarme. Y así fue pasando el tiempo y la vida; siempre me he acomplejado mucho por mis senos.
Los senos grandes han afectado mi salud porque tengo hernia discal, tengo cervical también, mucho inconveniente de la espalda. Varias ginecólogas me han recomendado operarme, porque tengo como exceso de hormonas, pero la operación es costosa, no puedo pagarla.
En la adolescencia dejé de ir a la escuela por este tema.
Cuando usted dejó la escuela, ¿qué edad tenía y qué tiempo duró fuera de esta?, se le cuestiona.
La dejé mientras fui adolescente, responde. Cuando dejé la escuela tenía 16 años, me daba vergüenza asistir por toda la burla que me hacían. Luego cuando tuve mi niña, mi primera hija, me inscribí otra vez porque ya tenía más madurez, pero no pude seguir estudiando porque tenía que cuidar de la niña. Me quedé en tercero de bachiller.
Ana María Santos, 27 años
Yo vengo padeciendo gigantomastia desde los trece años; cuando estaba en la escuela me hacían mucho bullying, eso me afectaba mucho porque todos los días era lo mismo. Soy madre de cuatro niños y todavía ellos me dicen: mami por qué tú tienes esos senos tan grande, quítate un chin que tú tienes demasiado.
La gigantomastia fue también para Ana María motivo de deserción escolar.
“Cuando llegaba a mi casa yo lloraba mucho. Había días que me iba de la escuela antes de terminar la jornada y no volvía. Tardaba hasta una semana para regresar. Yo hablaba con los profesores y ellos no le decían nada, por eso decidí dejarla en octavo, hace dos años que me hice bachiller”, narra entre el lamento de saber que aquella decisión dañó la meta que tenía y no pudo cumplir.

A la fecha, sigue sufriendo bulliyng en la calle, ahora, confiesa, “solo le queda aguantarse”.
Marleny Valdez Martínez, 36 años
Los pechos míos empezaron a crecer cuando tenía 16 años; mi mamá me llevó al doctor y le dijeron que era exceso de hormona. Por los relajos en la escuela, la dejé porque me sentía incómoda, me daba vergüenza, luego a los 20 y algo la terminé. Sin embargo, aún me siguen haciendo bullying, me dicen tetona en la calle, me siento con la autoestima baja, casi no salgo de la casa y me da mucha vergüenza. Entonces, yo me miro al espejo y yo misma me autoevalúo y digo, pero en realidad es porque tengo muchos senos.
¿Qué copa eres?
42 DD, responde.
¿Se te ha hecho difícil conseguir pareja o amistades?
Bueno, yo estoy en la universidad y siempre veo muchas compañeras juntas con la otra y yo siempre estoy sola, a veces me pongo a pensar que quizás es por eso que ya no me buscan el lado, porque tengo los pechos grandes. Y me siento sola porque también me da mucha vergüenza. Tener pareja también se me ha hecho difícil.
Marleny cuenta con dos operaciones de columna derivada del peso de sus senos.
“El dolor en la columna me causa muchas migrañas, me duelen mucho los hombros, también me duele por las costillas”.
Agrega que es una situación que le ha generado depresión y que por momentos la ahoga en el llanto.
“Tengo seis tornillos en la columna y me dicen que ya yo no sirvo para nada, y en realidad así me siento, ya yo no sirvo para nada. Eso me da depresión, pero no lloro delante de mi madre porque en realidad ella no tiene los recursos para ayudarme, para operarme”, señala.
¿Por qué no trabajas?
Porque donde he llevado currículum por la operación de la columna no me han dado trabajo, y también me pongo a pensar que quizás no me dan trabajo porque me ven muy gorda, muy pechuda.
Muchos ven esta cirugía como estética, ¿piensas lo mismo?
Jamás, yo lo veo como una enfermedad, es algo necesario.
Tras la cirugía, hay un renacer
Yokasta Paulino, 50 años
Con tres meses de operada y con 30 libras menos de senos, 15 de cada mama, habla con firmeza de cómo es vivir sin gigantomastia.
Desde que me sacaron del quirófano estoy de maravilla. ¿Cómo le explico? Yo empecé a tener los senos grandes a la edad de ocho años. Mis senos eran bastante grandes, tanto que yo casi no podía dominarlo. Me provocaba dolor en la espalda, en el cuello, no podía girarme como una persona normal.
¿Y la ropa? ¿Era difícil encontrarla?
Incomodísimo, mi amor. Tanto el brasier como la blusa. Casi no se encontraban, para yo poder encontrar el brasier para mí tenía que ir donde vendían ropa usada, como le llamamos nosotros, paca. Y así era que podía encontrar alguno. A veces lo compraba de vista, pero cuando llegaba a la casa no me servía, porque yo lo veía tan grande que pensaba que me iban a servir, pero no me servía, me quedaban pequeño. Me acomplejaba mucho, sufrí bullying, me ponían muchos sobrenombres, pero no dejé la escuela.

Yo veía muchachitas de mi edad y decía, pero ¿por qué yo las tengo así y ellas no? Y le preguntaba a mi mamá, quien comenzó a llevarme al Angelita (Hospital Robert Read Cabral), pero ningún tratamiento funcionó.
¿Cómo usted se siente luego de la cirugía?
Primero debo dar gracias a la Fundación Vargas porque yo había ido a centros públicos como el Hospital Padre Billini y me estaban quitando 115 mil pesos, bastante cara porque uno no tiene recursos, ¿entiende? y con la Fundación fue sin costo.
Pero, sinceramente, esto no se cambia por nada. Esto es como volver a nacer. Ya no me duele la espalda, me siento cómoda, más segura, más alegre. ¡Yo, como mujer me siento que volví a nacer!
Un rayo de luz en medio de la desesperanza
En 17 años, desde la Fundación Vargas Almonte (FUNVA), cirujanos plásticos del país han intervenido a más de 500 mujeres de diferentes provincias y en lista de espera tienen alrededor de cinco mil; se trata de jornadas de operaciones, sin costo, en las que pueden operar hasta 80 mujeres durante un año, pero “no es suficiente”.
“Este no es un problema estético, es un problema reconstructivo, es una enfermedad calificada como tal por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por eso se necesita que entre la cobertura de las ars y que se extienda por todo el país”, precisa el doctor Orlando Vargas, líder de la citada fundación.
Sus cálculos se basan en prevenir los males y gastos que se derivan de este padecimiento de salud, al indicar que las aseguradoras de salud de manera indirecta aportan parte de este dinero en calmantes, tratamientos, consultas para el neurólogo y fisiatría para quienes lo padecen.
“Lo que se debe garantizar es que este gasto sea destinado para la cirugía y se evita destinarlo a complicaciones de salud que se mantendrán en el tiempo si no se atiende la solución del problema”, resalta convencido a Panorama.
El galeno asegura que como la incidencia de la gigantomastia en el país es baja- afecta de 35 mil a 50 mil mujeres- si el Gobierno asume estas cirugías, el número de afectadas será cada vez menor, tendremos mujeres con una autoestima más elevada y empoderadas.
“Es una condición que produce discapacidad en las mujeres, dificultad para trabajar, para hacer deportes, interactuar con los demás, estamos ante un problema social grave”, enfatizó.
Las cirugías de reducción de mamas cuentan con cobertura en países como Colombia, Estados Unidos, España y Chile, mientras en el territorio dominicano, falta esperar a que legisladores y quienes componen el Consejo de Seguridad Social hagan un llamado a la conciencia para que las ars la asuman y las mujeres dominicanas encuentren una salida exequible y cercana a su bien denominado “calvario”.
Sin apoyo de la Seguridad Social
El 60 por ciento de las mujeres afectadas con gigantomastia en el país poseen el Seguro Nacional de Salud (Senasa), pero no ofrece cobertura para la cirugía de reducción mamaria en casos de gigantomastia, limitándose a tratamientos paliativos en un problema que solo se solucionará con la cirugía de reducción mamaria.






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